Entrevista colectiva entre los lectores de Futbol Sapiens a Juan Villoro, escritor mexicano aficionado a Necaxa:
- ¿Por qué al Necaxa?
Bueno, porque yo viví en una calle donde los aficionados, perdón, los muchachos que vivían ahí en esa calle le iban al Necaxa, entonces yo me quería identificar con mi calle, con mi barrio y mis amigos estaban ahí. De modo que me hice aficionado a ese equipo, que era un equipo, además, muy simpático. Le había ganado al Santos con todo y Pelé, ganó un torneo de Copa contra el América en el estadio de Ciudad Universitaria.
Era un equipo gitano, simpático y era un equipo capitalino. Todo eso me convenció. Y una vez que te aficionas a un equipo pues ya no puedes cambiar de colores, porque eso es como tratar de cambiar de infancia, como decir ‘yo ya no soy ese niño’ o ‘no fui ese niño’, entonces pues ya me quedé como el necaxista, como Don Ramón en el Chavo del 8.
- ¿Y lo ibas a ver?
Sí. Incluso lo he ido a ver hasta Aguascalientes, lo cual es verdaderamente un sufrimiento. Pero sí, lo he ido ver muchísimas veces al Necaxa a lo largo de los años.
- ¿Cómo vive Villoro un partido de futbol ya sea en el estadio o a través de la tele? ¿Lanza mentadas de madre, se enoja, llora? Una anécdota, por favor.
Sí, depende del partido. Como aficionado, desde luego, soy muy apasionado y soy capaz por ejemplo de hacer cábalas tipo de que si cierras los ojos juega mejor tu equipo, si le das la espalda a los penaltis los anotan. Realmente me importa el espectáculo; yo quiero que gane el Necaxa sea como sea. Si el árbitro favorece al Necaxa me parece el árbitro más justo del mundo. Pero naturalmente, digámoslo así, como espectador pues he podido ver partidos en donde me interesa el espectáculo. Hay muchísimos partidos que yo veo en los que no estoy tan involucrado emocionalmente y me gustan.
Siempre trato de involucrarme un poco. Por ejemplo, no sé, el Manchester; ahora por el Chicharito queremos que gane el Manchester. Siempre hay una posibilidad de agregarle sentimiento al espectáculo.
- ¿Cuál es su episodio más triste y el más alegre como aficionado al futbol? (que no involucre al Necaxa, por cierto)
Yo sufrí mucho cuando… A mí me encantaba Manuel Manzo, creo que es el mejor futbolista que jamás ha tenido México, que se malogró con el alcohol y no duró mucho. Anotó el gol con el que México le ganó a Brasil en Maracaná. Él jugaba en el Atlético Español, que era heredero del Necaxa en el momento en que el Necaxa había desaparecido, y era un equipo simpático porque ahí se habían integrado muchos jugadores de la selección olímpica como Álvarez, como Trejo; era un equipo simpático. Y él, una noche aciaga, falló dos penaltis seguidos contra el León en el Estadio Azteca. Luego leí su biografía y fue un momento en que él retomó el alcoholismo. Los aficionados lo sufrimos en carne propia. Ese fue un momento particularmente triste.
Otro fue la fractura de Alberto Onofre en vísperas del Mundial de 1970. Era uno de los grandes futbolistas que han habido en México. En el último minuto del último entrenamiento resbaló en el pasto húmedo y chocó contra Juan Manuel Alejándrez y se fracturó la tibia y el peroné. Yo tenía 14 años, no sabía lo que era la tibia ni lo que era el peroné y me aprendí los nombres de estos huesos raros, y supe que con ello se había quebrado nuestra esperanza.
El propio Onofre vislumbró su situación trágica porque se lo llevaron a operar y él no quiso que le quitaran la camiseta de la selección nacional. Sospechó que nunca más la iba a volver a vestir y en efecto, así fue. Ese fue su último partido con la camiseta de la selección y fue un momento muy trágico de nuestro futbol.
- ¿Y un momento alegre?
Bueno, cuando el Necaxa volvió a ser campeón después de 57 años, que se dice fácil. En la década de los noventa el Necaxa regresó a esa posibilidad que había tenido con el equipo de los 11 hermanos y fue un momento extraordinario. También agregaría la medalla de oro en los Juegos Olímpicos como uno de los grandes momentos. Afortunadamente, esto último, muy reciente.
- Señor Villoro, considerando a Ángel Fernández como gran influencia suya, ¿qué tan cierto es que de no ser por el futbol usted no sería escritor?
Es cierto. No tanto por el futbol sino por las narraciones de futbol, porque a mí Ángel Fernández, que fue uno de los mayores cronistas deportivos de toda la historia, me descubrió la posibilidad de asociar el juego con la palabra. Cuando yo era niño no sabía que él me estaba regalando un oficio, que es el de narrar la realidad. Ángel Fernández podía reinventar el mundo a través de sus palabras; el partido más aburrido se convertía en la guerra de Troya.
Le ponía apodos a los jugadores, a los equipos enteros. Por ejemplo a los cementeros del Cruz Azul les puso la Máquina Celeste, que es un apodo mucho más poético, al Estadio Azteca le puso el Coloso de Santa Úrsula. Todos los refranes que él usaba, la mezcla de poesía, corridos, anécdotas, creaban un tejido verbal apasionante. De niño no sabes que eso es literatura, no sabes que eso es narración, pero me acostumbré a ver los partidos con narración. Yo iba al estadio con el radio para oír la narración de Ángel Fernández porque era mucho más divertido que alguien me contara lo que yo estaba viendo. Entonces asocié, primero que nada, al futbol con la palabra.
Y luego me di cuenta de que esas palabras formaban parte de algo maravilloso que era narrar el mundo, entonces mi primer estímulo para la narración en efecto fueron, más que el futbol, las narraciones que de este deporte hacía Ángel Fernández.
- ¿Qué opinión le merecen los villamelones en general? Y específicamente los ex necaxistas que abandonaron la causa ante la adversidad.
Es legítima porque en todas partes hay un colado. Los mexicanos sabemos que una fiesta que se respete no es tal si no hay colados. Siempre hay alguien que creemos que está invitado y que dices ‘no, lo invitó Bertha’, ‘no, lo invitó Lupe’, ‘no, lo invitó Juan’, ‘lo invitó Pedro’ ¡y ahí está! Luego resulta que le preguntamos a Bertha, a Lupe, a Juan, a Pedro, y nadie lo conoce. Era un colado que ayudó a animar la fiesta. Se vale que haya colados y en el futbol desde luego que es una figura imprescindible. Es bueno que forme parte de la algarabía pero no hay que hacerle mucho caso, desde luego.
- Es el que nunca pierde
¡Claro! El villamelón se va orientando según sus conveniencias y explica todo según el momento en turno. No es un aficionado serio.
- Igual y él no sabe que es villamelón
No, ni siquiera. Es un colado; yo tengo muchos amigos villamelones.
- ¿Cuál es el mejor jugador en la historia de este deporte?
Para mí, Diego Armando Maradona por una circunstancia. Yo creo que a nivel de el tiempo que duró como profesional, Pelé es superior en récords, sin duda alguna. Nadie ha ganado tanto en una selección como Pelé. Eso es muy importante, pero es concebible que Brasil en 1970, por ejemplo, hubiera sido campeón sin Pelé. Era un gran equipo, extraordinario.
En cambio, Maradona ha sido el jugador que más diferencia ha causado dentro del terreno de juego. O sea, el liderazgo de Diego Armando Maradona no ha sido igualado por nadie. No solamente era un futbolista de primerísima fila, sino que era alguien capaz de convencer a su equipo de que valía más y de llevarlo a situaciones inesperadas. Si Maradona hubiera jugado para la selección mexicana en el ´86 podríamos haber sido campeones. Esa era la diferencia que él causaba. Nadie ha definido más el deporte, que es un deporte de conjunto, que él.
Por otra parte también todo el colorido que ha agregado, por supuesto con una conducta poco ejemplar pero muy interesante, fuera de las canchas también lo convierte en un futbolista único. Es una ópera que ha estado ante nosotros.
- ¿Te tocó ir a verlo jugar?
¡Sí! Yo estuve aquí en el Mundial del ’86 cuando metió los dos goles. El mejor gol ilegal en la historia de los Mundiales y el mejor gol legal en la historia de los Mundiales los metió contra Inglaterra y yo lo vi jugar, aquí. Y lo vi jugar en Nápoles, lo vi jugar en Barcelona, lo vi jugar muchas veces.
- En la narración de Víctor Hugo Morales, él dice que era la jugada de todos los tiempos. ¿Tú en el estadio te diste cuenta de que era la jugada de todos los tiempos?
Sí. De lo que no me di cuenta es del gol con la mano. O sea, el gol con la mano yo pensé que había sido un cabezazo; yo estaba en el estadio y fue muy rápido. Además Diego, muy hábilmente, empezó a festejar y yo no vi nada. Víctor Hugo Morales, que para mí es el mejor cronista contemporáneo, lo alcanzó a ver no sé si por televisión o con binoculares pero él dijo: “A los ingleses hasta con la mano”. Habían pasado cuatro años de la guerra de Las Malvinas, había esta afrenta.
Víctor Hugo Morales narró el debut de Diego Armando Maradona con Argentinos Juniors, siempre se sintió muy vinculado a su figura. Había sentido un anti-argentinismo en México. Estaba cerca de más de un cronista, todo esto lo sé porque lo entrevisté sobre ese gol, estaba cerca de otro cronista que lo estaba molestando con ‘Diego no hace nada’, ‘Diego no sirve para nada’, de modo que él siendo uruguayo, porque nació en Uruguay aunque se ha formado en Argentina como locutor, estaba muy deseoso de que Diego hiciera algo.
El gol del puñetazo yo lo vi como un remate de cabeza, sólo me di cuenta después con las repeticiones. Y el segundo gol desde luego que fue un prodigio, en la cancha no podías ignorar que habías visto una de las mejores jugadas de la historia. Seguramente a nivel de los Mundiales, el mejor gol de todos los tiempos. Digo, lo imitó después Messi pero contra el Getafe, no es lo mismo.
Fuente: Futbol Sapiens